Si tienes claro tu objetivo y te diriges directamente hacia él, vas a conseguir lo que te propongas

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—Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

—Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar —dijo el Gato.

—No me importa mucho el sitio… —dijo Alicia.

—Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes —dijo el Gato.

—… siempre que llegue a alguna parte —añadió Alicia como explicación.

—¡Oh, siempre llegarás a alguna parte —aseguró el Gato—, si caminas lo suficiente!

Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll

 

Durante mucho tiempo me había dicho a mí misma que podía tenerlo todo: ser escritora, actriz y estudiar una segunda carrera (¡e incluso otro máster!). Un día, sin embargo, me di cuenta de que no daba a basto, de que la ansiedad estaba pudiendo conmigo y que vivía una vida que no disfrutaba porque me pasaba todas las horas que estaba despierta trabajando por cinco sueños al mismo tiempo.

En ese momento fue cuando me propuse un reto: empezar y terminar religiosamente el NaNoWriMo de este año 2015, dedicarme en cuerpo y alma a la escritura y ver qué pasaba.

Lo que sucedió fue que me despertaba todos los días feliz, pensando: Hoy me toca escribir. Y el resto de obligaciones las dejaba para después. Mi sueño desde que era una adolescente había sido convertirme en escritora profesional, vivir de mis libros. Y sin embargo, en algún momento del camino eso se me había olvidado.

 

Y tú, ¿hacia dónde te diriges?

Párate un momento a reflexionar. Como dice el Gato de Alicia, puedes ir a cualquier parte. Cualquier camino que tomes te llevará a un destino concreto. Pero si no sabes hacia dónde vas, si no sabes cuál es la razón principal por la que escribes, entonces te sentirás perdido y, además, no conseguirás llegar a ninguna parte en la que te sientas realizado.

Si te ocurre que estás en todas en partes y en ninguna al mismo tiempo, quizás a ti también te esté ocurriendo el abarcar mucho y no llegar a sostener nada.

Puede que tu sueño haya cambiado. Puede que ya no quieras ser escritor. Quizás ahora quieres seguir una carrera en investigación académica y que tus clases sobre literatura cambien la vida de tus alumnos. A lo mejor ése es ahora tu principal objetivo. Quizás ahora te llena más pasar las noches con tu familia viendo series que plantearte el continuar tu novela. No pasa nada. Lo más importante aquí es pararse a pensar y darse cuenta de si nos estamos dirigiendo hacia donde queremos ir, de qué clase de vida es la que nos haría más felices.

 

La guía definitiva de la toma de decisiones

 

Ventajas de ir hacia una meta concreta

-Será clave en tu toma de decisiones.

Serás despiadado con tus horarios de escritura (J. K. Rowling). Si sabes que lo que deseas es terminar tu novela, o que tu último sueño es ser escritor publicado, cada vez que te pongas a escribir esa imagen acudirá a tu mente y te alentará a que continúes, porque no estás escribiendo en abstracto, tienes un objetivo concreto. Esto hará a su vez que las personas de tu alrededor respeten (un poco más) tu tiempo de escritura.

-La motivación vencerá a la pereza.

 

 

Quiere autorrealizarse como persona a través de la escritura. Quiere conseguir terminar y publicar una novela.

Para ello, necesita, lo primero, mejorar su autoestima. No cree que ella sea lo suficientemente buena. La pueden su baja autoestima y su crítico interno cada vez que se sienta a escribir. Se exige demasiado a sí misma, es extremadamente perfeccionista con lo que hace. Por todo ello, en este momento está bloqueada con su última novela.

Le cuesta realmente aceptar todo lo importante que es la escritura para ella porque, una vez que lo acepte frente a sí misma y frente a los demás, le será más difícil recular y le invadirá el miedo al fracaso.

Además, a veces desearía tener a alguien que la ayudara y la motivase (trabajar la motivación) para lograr sus objetivos tanto a corto como a largo plazo (es importante recordar que tenemos toda la vida por delante para lograrlos pero que hay que ir marcándose pequeñas metas y saber en qué camino nos dirigimos).

Contenido de ejemplo

Pájaros libro cuaderno

 

 

 

 

 

 

 

Sir, I desire you do me right and justice,

And to bestow your pity on me; for
I am a most poor woman
and a stranger

Henry VIII, William Shakespeare

Ana se acerca con paso trémulo a Catalina. Quiere beber de su boca y oír de cerca los latidos de su corazón. ¿Por qué te quiere Enrique? Déjame verlo.

El novio de Catalina ha subido al apartamento y ellas se han quedado en la playa. Hace frío, porque están en Octubre, y se ha levantado el viento. El sol empieza a ocultarse en el horizonte y apenas quedan ellas y otras dos personas en la playa.

—Me he dado cuenta —dice Ana, inclinándose sobre la toalla, y Catalina la mira por encima de su libro, Los cien golpes.

—¿De qué?

—En la piscina me mirabas las piernas.

Catalina es la profesora particular de Ana. La pequeña Ana, de sólo quince años, con unos padres desquiciados y narcisistas. Tiene un hermano, Jorge, y una hermana, María, pero no se lleva demasiado bien con ninguno de ellos. Cuando Catalina empezó a darle clases de apoyo de Lengua, con un fondo de gritos y descalificativos provenientes del otro lado de la puerta, quiso arroparla con una manta, abrazarla y llevársela a casa. Se le antojó a un pequeño animal. Un gato que cojeaba a su encuentro.

Esa misma mañana, Ana la ha llamado para decirle que cogía el primer autobús que salía hacia la playa. Ni Enrique ni ella, que están de vacaciones del puente de todos los Santos, se han negado a acogerla.

El viento se levanta con más fuerza. Ana le da un toquecito con la nariz helada en el hombro y Catalina se sobresalta.

—¿Qué haces?

—Me gustas.

Catalina había terminado Filología Hispánica y no encontraba trabajo. Sus padres esperaban de ella que fuese Catedrática. Sin embargo, no le había llegado la nota para la beca del doctorado, así que ahora daba clases, y salía con Enrique.

—Ana, a mí no me van las mujeres.

—Mentirosa.

Ana sonríe y parece una criatura de agua en su elemento. Pone un dedo sobre la mano de Catalina y luego otro.

—Esto no está bien —susurra Catalina, avergonzada—. Enrique…

Ante la mención del hombre, Ana se hace con la mano de Catalina en un gesto brusco y se la pone entre las piernas, debajo del vestido, sobre la vulva que late y está caliente.

—Cállate.

Catalina aparta la mirada.

Enrique era mayor que las dos. Treinta y ocho años, ascenso tras ascenso y ya se había convertido en director ejecutivo de una imponente empresa dedicada a salvaguardar los derechos intelectuales de los actores y actrices del país. Era una empresa que movía mucho dinero. Enrique siempre llevaba traje; salvo cuando bajaba a la piscina. Era más guapo, más alto, más listo que Catalina. Por eso ella no entendía por qué estaban juntos.

El apartamento también era de Enrique, aunque lo estaba pagando a plazos.

Ana se acerca al lóbulo de su oreja y Catalina se estremece. Cierra los ojos. Abre los labios.

—Es que yo te prefiero a ti.

No era la primera vez. No lo era. Catalina ya le había visto las braguitas a Ana por debajo de la falda vaquera que tanto le gustaba ponerse por las tardes, al volver del colegio. Ana abría las piernas y fingía que no se daba cuenta de lo que pasaba. Los muslos bien separados durante las dos horas de clase de gramática.

Ana va a besarla, nota su aliento sobre la boca, huele a chica. Catalina nunca ha besado a una chica. Enrique ha sido su único novio. Está temblando.

Sin embargo, en el último momento, Ana se levanta.

—Te veo arriba.

Catalina se queda sola, mirando al mar, y cierra con estupor las piernas.

 

Esa noche, cuando debería estar durmiendo, Ana va a su cama.

Catalina no entiende cómo ha podido conocer el momento exacto en que Enrique ha salido al balcón del salón a fumarse un cigarro. Acaban de hacer el amor y Catalina está todavía desnuda. Lleva las sábanas grapadas alrededor del cuerpo.

Es entonces cuando Ana se coloca a horcajadas encima de ella y la besa.

Catalina siente que no sabe cómo responder a un beso tan suave. Le pone las manos sobre las nalgas. Ana lleva bragas de algodón. El mismo vestido con olor a sal de la playa. Es morena, pequeña y de pecho descomunal.

Es su olor lo que la lleva a bajarle el sujetador y levantarse para chuparle los pezones.

Ana gime, se retuerce, pero Catalina la sujeta del pelo para que no se aparte. Ana se inclina y la vuelve a besar. La lengua dentro. Los labios empujando contra ella. Catalina se pregunta si es así como demuestra lo excitada que está.

—Quiero comerte el coño.

Ana le quita la sábana y de repente Catalina siente frío.

—Espera.

Ana la mira, entre sus piernas.

—Para.

Ana, la pequeña niña de quince años, baja de la cama con los dos pies y desaparece corriendo por el quicio de la puerta.

 

Catalina no puede dormir.

Da vueltas en la cama. Le molesta el calor de Enrique. Su olor. No le gusta el sudor que gotea por su espalda, entre los omóplatos.

Le mira dormir y le envidia.

Cuando hacen el amor, él entra en ella y se corre. Han estado juntos siete años, y Catalina sólo tiene orgasmos cuando está sola.

Se pregunta cuándo le pedirá Enrique que se case con él. Si lo hará pronto.

Se imagina la lengua de Ana recorriendo los labios de su sexo. Introduciéndose en la vagina. Chupando con delicadeza el botón de su clítoris. Y le gusta.

Le pican los dedos de pensar en ir al cuarto de Ana y sorprenderla mientras duerme. Seguro que su niña se le engancharía al cuello y no la soltaría. Ana está hambrienta de afecto, es un pajarillo con el ala rota.

Ana le dice a menudo que quiere estudiar matemáticas, la asignatura que siempre suspende. Catalina le enseña sintaxis, semántica y análisis literario. Ana tiene un profesor para cada materia, pero ésa en concreto nunca la aprueba. Las demás asignaturas, todo diez. Dice que quiere entrar en la carrera de matemáticas y Catalina no entiende por qué.

Por qué a alguien le proporcionaría placer la posibilidad de fracasar.

Ella se retuerce los dedos. Sabe que nunca llegará a mucho. Maestra de academia, profesora de español para extranjeros en un instituto. Sus padres la querían en lo más alto. Escritora de libros, Catedrática de Literatura, ganadora del Premio Nobel.

De repente no puede respirar.

Se nota dando tumbos hasta el cuarto de baño, donde cae, casi lívida, junto al váter con la tapa abierta. Se recoge el pelo con las dos manos y luego lo sujeta con una porque cree que va a vomitar. Pero no lo hace. Siente la cena revolviéndose en su interior, pero sabe que a no ser que se meta un dedo no vomitará. Y no soporta siquiera pensarlo. Prefiere quedarse toda la noche con la congoja; el flujo subiendo a su esófago y volviendo a bajar al estómago sin llegar a salir y desahogarla.

 

Se levanta con dolor en las piernas al comenzar a andar hacia la habitación. Cuando llega, encendiendo la luz del pasillo, ve a Ana.

Está encima de Enrique. Se lo está follando.

Su espalda desnuda, su trasero redondo. El pelo oscuro que le cae por los hombros. Se mueve y echa la cabeza hacia atrás, dejando salir un jadeo que suena a gemido falaz, pero que a Enrique parece gustarle.

A Catalina se le ha estrangulado la sangre en los ojos. Ni siquiera es consciente de su grito.

Ana se gira, la mira, sale de dentro de Enrique (¿o es él saliendo de ella?) y camina hacia ella en su total desnudez. Tiene el cuerpo de niña que Catalina se había imaginado. Los pezones de sus enormes pechos apuntan hacia ella.

Comienza a cerrar la puerta y, justo antes de que su rostro desaparezca, se pone un dedo sobre los labios.

Conviértete en escritor #1: Formarse con el Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Edimburgo. Emily Roberts

Emily Roberts

Formada en el Máster de Escritura Creativa (modalidad narrativa) de la Universidad de Edimburgo. Entrevista a Emily Roberts, escritora y poeta. Qué significó este máster para ella y cómo ha sido el proceso de publicación de sus tres obras (Lila, Animal de Huída y Regalar el Exilio). Entrevista a Emily Roberts: (enlace canal correcto)

Entra a la página del Máster aquí: http://bit.ly/1YTxuga

Índice

Máster en Edimburgo

1:42 –Este máster tiene dos modalidades: narrativa y poesía. En tu caso decidiste hacer la parte de narrativa, ¿por qué?

3:05 – ¿Cuáles eran las asignaturas que tenías cada semestre en el máster?

“Cada tres semanas tenías que tener un relato escrito”

“En Fundamentos de la ficción […] Un profesor nos hablaba

 

Los mejores momentos

2:40 – “El proceso de narrativa necesita constancia, revisión y correción. Para mí lo mejor era estar en un taller donde diez personas distintas leían tu trabajo y te daban sus opiniones”

 

Conviértete en escritor son una serie de vídeo entrevistas que pretenden analizar casos de éxito: escritores que ya han publicado en España y que cuentan con un amplio público que los sigue. Estos escritores nos contarán cómo lo han conseguido, nos hablarán de sus estrategias de escritura y nos enseñarán una importante premisa: Si tienes claro tu objetivo y te diriges directamente hacia él, vas a conseguir lo que te propongas.